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Opinión
 

Aníbal Ibarra

"Necesariamente, lo progresista tiene que ser lo popular, si se busca equiparar las diferencias en una sociedad"
Fuente: ATN

 

 

 

ANÍBAL IBARRA

 

TEORÍA Y PRÁCTICA DE UNA TERCERA POSICIÓN

 

¿Que es el progresismo?

 

El progresismo es una visión general. Una forma de ver políticamente las cosas, y esto puede producirse en una actividad política concreta o en el plano gremial, el plano estudiantil o el plano científico. Uno puede advertir políticas progresistas en diferentes ámbitos. En términos más vinculados a la política, ser progresista significa defender lo público, defender el rol del estado para achicar las desigualdades de una sociedad, compensar las desigualdades que tiene el sistema, confrontar con el statu quo, con el conservadurismo, con una visión fraccionaria de las cosas que confía en el mercado y propone un estado achicado que “no se meta”. Entonces, el termino “progresista” puede ser injusto porque puede etiquetar, puede limitar: porque también hay términos como “popular”, como “izquierda”, que se superponen con “progresismo”. Yo creo que todos los conceptos en definitiva tienden a definir una visión donde la modernidad es precisamente un estado que busque darle iguales posibilidades a una sociedad, que garantice los derechos básicos que tiene que tener cualquier ser humano por su condición de serlo, también expresa valores de no discriminación, de igualdad, de justicia; y todos estos conceptos llevados a la practica sea en el ámbito político, sea en el ámbito gremial, el estudiantil, o el científico. En el ámbito de la cultura hay quienes le ponen un contenido al arte, a lo que hacen y de alguna forma lo relacionan con estos conceptos. “Progresismo” es un criterio muy amplio, no hay que segmentarlo y decir que la visión progresista es solo de la política: de ninguna manera, se puede ser progresista o reaccionario en un ámbito religioso, en un ámbito cultural o el que fuere. Además, porque puede haber alguien que no reconozca la palabra progresista pero que en la practica lo sea.

 

¿Cuál sería la diferencia entre una política popular y progresista?

 

Necesariamente, lo progresista tiene que ser lo popular, si se busca equiparar las diferencias en una sociedad, si se busca tener políticas que favorezcan a esa mayoría que esta segmentada o dejada de lado por el sistema. Ser progresista y elitista es una contradicción. Hay que buscar lo popular, entendido “lo popular” como las mayorías, los sectores menos privilegiados de la sociedad. Simplemente hay quienes prefieren el concepto de “popular” sobre el de “progresismo”, porque el concepto “progresista” es muy intelectual, incluso, en la política concreta, se dice antiperonista; y la verdad es que esa me parece una falsa definición. El peronismo fue progresista en su época por más que a nadie se le haya ocurrido utilizar ese término. Romper con estructuras de décadas y décadas de políticas liberal-conservadoras que ponían cerrojos a cualquier progreso de los trabajadores, era progresista -y hasta revolucionario- más allá de que la izquierda confrontaba con el peronismo, relacionándolo incluso con el nazismo. Progresismo y elitismo es una contradicción, se dan de cabeza. No me interesa buscar un dogma o una exposición de ideas y valores para que me aplaudan o para dejar en un libro sino, busco llevar esas ideas a la acción, transformar la realidad. Y eso se consigue con masividad de las ideas. Un progresismo que no sea popular es una contradicción.


Estuviste en dos experiencias políticas, una más cercana a la UCR y otra más cercana al PJ ¿Cuáles te parece que son los límites de un progresismo vinculado al peronismo y cuales son los límites de un progresismo vinculado a la UCR?

 

Ante todo ¿Cuándo hablamos de peronismo de qué hablamos? ¿De Menem o de Kirchner? ¿Decimos López Rega o Cámpora? Cuando decimos “peronismo” estamos englobando un universo que si no precisamos un poquito vamos a terminas en cualquier lado. Entonces, en la época de la Alianza había un peronismo que lo concentraba Menem; clara expresión de la derecha, de políticas liberales, privatizadoras etc. Y, por otro lado, cuando hubo cercanía con el kirchnerismo era un peronismo liderado por Kirchner, que era la contratara. Esto es lo mismo a que uno pueda, en la década del setenta, acercarse a un peronismo vinculado a Cámpora y, al tiempo, rechaza y combate un peronismo vinculado a López Rega. Por eso creo que no se puede usar la palabra “peronismo”.Lo mismo dentro de la UCR. Hay sectores progresistas y hay sectores conservadores y reaccionarios. Me parece, entonces, que lo que define es ¿Qué políticas conducen quienes dirigen?

Lo que no se debe hacer, a mi juicio, es levantar barreras donde no las hay. Es decir, uno puede tener muchas cercanías políticas en el accionar, en las ideas y en los valores de justicia e igualdad, con sectores tanto del peronismo, de la izquierda y del radicalismo. Pero, ojo, dentro del radicalismo tenemos sectores totalmente conservadores y reaccionarios, y dentro del peronismo también. Los gobernadores del peronismo que están aliados por oportunismo, porque el peronismo tiene mucha búsqueda de poder, son sectores absolutamente reaccionarios. Además, sí hay partidos claramente de derecha: el macrismo es una fuerza de derecha. Ahora, el radicalismo y el peronismo dentro de su estructura contienen a dios y al diablo.

En el caso de Kirchner, expresaba claramente políticas progresistas y, entonces, no solo me parece correcto sino, además necesario, apoyar. El peronismo expresa una gran cantidad de sectores de la sociedad y me parece muy necesario establecer vínculos políticos y generar acciones políticas conjuntas con quien expresa un peronismo progresista. Por el contrario, con Menem era sido todo lo contrario. En ese momento era tal el rechazo que generaba el menemismo, que nos llevó a una alianza con un radicalismo liderado por sectores que no eran progresistas. Habiendo sectores progresistas del radicalismo, De La Rua expresaba lo conservador del radicalismo. En ese momento, nos unió el espanto y el hecho de ganarle al menemismo. Al día de hoy uno puede analizar si esto fue bueno o no, pero lo cierto es que esto fue lo que se privilegió en su momento. Había que ganarle al espanto del menemismo y entonces uno se juntó con ese radicalismo que no era conducido por progresistas sino por conservadores.

 

¿Hay entonces un modo propio de derecha radical y un modo propio de derecha del PJ tal que se pueda decir: “el PJ avanza hasta acá, pero esto no; el radicalismo avanza hasta acá, pero esto otro no”?

 

El peronismo dicho globalmente es una maquina de poder. Lo puede expresar Kirchner, con ideas y políticas progresistas, y ahí se meten todos porque expresa poder. Ahora bien, en cuanto deje de tener poder ese mismo peronista se va a ir con Menem o con otra expresión de derecha, si es que le garantiza poder, porque va en busca del poder sea quien fuera el que lo tenga. Entonces en este caso no hay que comprar todo el paquete entero, hay que hacerlo con beneficio inventario. Es decir, puedo estar de acuerdo con las políticas de derechos humanos de este gobierno, pero no estoy de acuerdo con los acuerdos con Gioja, por ejemplo. El radicalismo, que también tiene sectores muy conservadores, no es una maquina de poder porque la sociedad lo ha beneficiado con tantas elecciones como al peronismo; y también contiene a sectores con los que uno puede conversar y compartir políticas. Cuando yo estaba al frente en la ciudad tenia a sectores radicales realmente progresistas que ocupaban funciones dentro del gobierno, pero tenia a otros que podían usar la función publica para enriquecerse, o para generar estructura partidaria o con una visión conservadora de la política.

 

¿Puede haber proyecto de poder político progresista por fuera de los partidos políticos?

 

No, los proyectos de poder políticos siempre están dentro de los partidos políticos en un estado de democracia.

 

¿Y fuera del PJ y la UCR?

 

Si claro, y debe haberlos. No sólo es posible sino, también, necesario. Nosotros intentamos con el FREPASO. Tuvimos un éxito electoral importante, pero después el fracaso de la Alianza lo echó por tierra. Aunque va a costar muchos años volver a construir un espacio semejante que pueda tener perspectiva de poder, yo me niego a que la política de poder pase por la UCR y por el PJ alternativa e indistintamente en la Argentina. Hay mucha sociedad que queda afuera y muchas veces se define por descarte. Y, por eso surgió un dirigente como Chacho Álvarez que supo llegar a las puertas del poder con el FREPASO.

 

¿Y no te parece que precisamente la experiencia del FREPASO que necesitó aliarse con la UCR da cuenta de una dificultad para hacer progresismo afuera de los partidos mayoritarios?

 

Fuimos concientes en ese caso de una limitación y había que ganarle al menemismo. El problema fue que nosotros nos aliamos con un radicalismo que estaba dirigido por sectores conservadores. Si hubiésemos tenido una coyuntura donde el radicalismo hubiera sido como el del ‘83 que estaba compuesto por sectores progresistas y que controlaban sectores claves del gobierno, hubiera sido otra cosa. La política es también lo que es posible, o íbamos solos o nos juntábamos con lo que había de radicalismo: la decisión fue ir en conjunto. No digo que sea fácil.

Hoy por hoy, una estructura como la del PJ a nivel nacional no la tiene ninguna otra fuerza política, y para ganar elecciones uno necesita una estructura a nivel nacional, no se puede solamente con algún dirigente carismático. En su momento, el FREPASO con Bordón y Chacho Álvarez llegó -y recordando un enorme apoyo social- a un 30 %, no más. Es sin duda complejo. Por eso digo que los partidos sirven como maquinas de poder porque al tener esa estructura, aquél que llegue arriba en la estructura sabe que tiene garantizado una buena parte del aparato.

 

Buscando una estructura nacional ¿Hay ideas para hacer progresismo que exceda los centros urbanos?

 

En general, los espacios progresistas existieron en los centros urbanos. Lo que sucede es que también, cuando se consolidan determinados espacios de poder, eso ya trasciende lo que son espacios urbanos. Por ejemplo, el socialismo en Santa Fe: el eje lo tiene Rosario y otros distritos importantes pero, trasciende los centros urbanos. Otro ejemplo es Uruguay: el Frente Amplio tenía el eje en Montevideo y después de varios años de presentarse empezó a ganar en otros departamentos del interior. Eso se da con la propia dinámica de la política y del éxito o no que tenga una política progresista en una sociedad. En cuanto tenga éxito va a expandirse más allá de los centros urbanos.

Pensado quizá la política progresista de los últimos años ¿Cuáles son las virtudes del PRO?

 

¿El PRO de Macri?

 

Sí ¿Cuáles son sus virtudes?


Macri supo captar un desánimo de la sociedad porteña. Instaló como perspectiva la eficiencia porque venia del sector privado y de alguna forma se presentó como una alternativa al Gobierno Nacional que ya era cuestionado en este distrito. Se planteó como una suerte de sector privado y una nueva política -que no era nueva sino que venia con Ramón Puerta. Esto fue lo que comunico y lo hizo con éxito. Con estas cosas, y estando en el momento justo tuvo el respaldo de la sociedad. Pero no porque ésta se haya derechizado; la sociedad porteña tiene un tercio más conservador de derecha y un tercio que puede ir en función a cual sea la propuesta electoral, además de otro tercio progresista. El PRO supo captar ese tercio que puede ir para diferentes lados. Fruto de estas cosas, entonces. De todas formas, creo que no es más que un mito que después se encargo de destruirlo el propio Macri.

 

Macri se asoció con lo nuevo ¿Te parece que hay una reticencia del progresismo a asociarse con lo nuevo?

 

Hay progresismo muy ligado al pasado, muy dogmático y muy estructurado. Lo hay sin duda y yo creo que ése es un progresismo alejado del poder. No tenés que cambiar valores ni convicciones ni ideas, no tenés que ser un oportunista, pero progresismo alejado a una concepción de poder es vacío en definitiva. Si uno tiene que discutir sobre el poder tiene que discutir temas que a veces la derecha los cree propios y que el progresismo rechaza, como puede ser la seguridad

 

¿Algún otro tema además de la seguridad?

 

Los grandes ejes de la política económica: equilibrio fiscal, deuda, déficit. Son todos esos temas el progresismo los tiene que discutir.

 

¿Orden?

 

Orden, también. Pero no es el mismo orden que concibe la derecha. De hecho, es exactamente lo contrario. Un estado que haga cumplir determinadas reglas frente a los grupos económicos es un orden con una visión progresista. El orden ha sido un término ganado por la derecha porque ha impuesto su visión de orden, esa visión yo la rechazo. Ahora yo puedo hablar de un orden progresista y es que el estado ponga las reglas y se cumpla lo que dice el estado y es eso un orden progresista; o que las políticas impositivas que no sean regresivas sino progresivas y tener un aparato de estado preparado para eso. O en seguridad: nadie quiere que haya gente robando en la calle o secuestrando o matando; ahora una cosa es pensar que la solución es policial y otra cosa es pensar en soluciones a mediano y largo plazo con políticas integrales en materia de seguridad. Todo esto hay que discutirlo y por eso yo estoy asociado siempre a un progresismo que discuta poder, no que discuta sólo ideas. Está bien hacerlo, pero con eso no vamos a transformar la realidad.

 

 

ANTECEDENTES

 

¿Cuál es tu diagnóstico de la caída de la Alianza?

 

En primer lugar, la Alianza quedó entrampada dentro de la convertibilidad, que era un proceso que finalmente iba a explotar, y le exploto a la Alianza. Era un corsé económico que terminaba en una explosión del que la Alianza decidió no salir. Aunque una salida planificada también hubiese sido traumática. En cualquier caso, la convertibilidad era una bomba de tiempo. En segundo lugar, con ese marco y con esa bomba de tiempo dentro del gobierno, la Alianza no supo mantener el entusiasmo político que supo generar durante el proceso electoral y con el triunfo sobre el menemismo. Y ¿por que digo esto? Porque con los márgenes de la economía muy estrechos –aunque la misma Alianza haya decidido mantenerlo así- , y más allá de que tenia esta bomba de tiempo, podría haber tenido una diferenciación en las decisiones políticas que no la tuvo. Y, con ello, mantener el entusiasmo y el compromiso de la sociedad. Del gobierno de la Alianza se esperaba que fuera la contracara del menemismo y terminó siendo más o menos lo mismo: no confrontó con las corporaciones, no tuvo una posición internacional transgresora, etc. Pasó a ser más de lo mismo, con algunos tintes de variación pero no con un color totalmente distinto. Muchísima gente se alejó de la Alianza por su gobierno mediocre y gris. La convertibilidad explotó y , entonces, muchísima gente que había votado y acompañado no sintió a ese gobierno como propio y no salió a defenderlo. Al estallar la convertibilidad no hubo quien defendiera al gobierno entonces fue vulnerable ante estallido, las maniobras o lo que fuera. Creo que esto fundamentalmente fue a trazo grueso lo que ocurrió.

En ambas cosas hay responsabilidad política. Por un lado, en convivir con la convertibilidad pensado que se podía llegar a buen puerto y para eso la designación de Cavallo que vino a ratificar la convertibilidad. Y, por el otro, la responsabilidad política pasó por no diferenciarse con decisiones políticas del gobierno anterior, hasta la designación de Cavallo fue más de lo mismo.

 

¿Cuál fue la discusión al interior del FREPASO con la designación de Cavallo?

 

Había un sector que pensaba que Cavallo era el único que podía desactivar la bomba de tiempo, porque él la había puesto y el la podía desactivar. Y entonces se veía con una especia de simpatía necesaria la designación de Cavallo. Algunos sectores veían así, que se iba en un tobogán, y que ese tobogán era la convertibilidad y que, entonces, había que salir con quien la había puesto. Otros pensábamos que Cavallo era más de lo mismo y que aunque él transitara una salida a la convertibilidad era mezclarse políticamente con lo que nosotros habíamos dicho que íbamos a conforntar. No qusimos la llegada de Cavallo pero fue decidido por el gobierno de De La Rua.

¿Tu expectativa era tal vez que logre desarmar la convertibilidad, o que logre sostenerla?

 

Yo veía que la convertibilidad era, no sólo un corsé sino, que ya significaba una traba para el desarrollo de la economía y que no se podía seguir en la convertibilidad, no había forma; esto al margen de Cavallo o quien fuera. Lo cierto -y todos eran conscientes- era que la salida iba a ser absolutamente traumática, aun con decisión política. Lo que pasa es que el gobierno de De La Rua había cerrado sus propios márgenes de decisión política entonces al no tener un plafón político fuerte, una decisión planificada de salir de la convertibilidad lo hubiera dejado también muy aislado. Decidió no salir de la convertibilidad, le estalló, y sin plafón, y frente al aislamiento, fue el fin del gobierno. En cualquiera de los contextos, la llegada de Cavallo no era buena, entonces el problema de la Alianza fue no diferenciarse políticamente.

 

¿Cual fue tu sensación con la renuncia del Chacho?

 

Debilidad política del FREPASO. Si algún margen quedaba para poder incidir en el gobierno de De La Rua era con la presencia de Chacho. Sin su presencia teníamos una gran debilidad y orfandad políticas, todo el gobierno nacional era entregado al sector delarruista del gobierno. En ese momento, tuve que ser consciente de que yo era Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sin paraguas político a nivel nacional. Así más allá de que teníamos algunos lugares intrascendentes, si ya con la presencia de Chacho nos costaba influir en algo, sin ella era imposible.

 

¿Te sorprendió la renuncia?

 

Sí me sorprendió.

 

¿Fue discutida?

 

No. Él me llamó y yo le pregunté “¿Es una discusión tomada o podemos discutirla?” Era una decisión tomada.

 

¿Y que pasó con el FREPASO inmediatamente después de eso?

 

Terminó en un periodo de crisis política, porque Chacho no era un dirigente cualquiera, era el motor y el cerebro del FREPASO. Aparte clausuró su relación política con el FREPASO, no estuvo en otras instancias orgánicas o políticas. Fue una gran orfandad para nosotros. El FREPASO era una fuerza política que había crecido y se había desarrollado y que llegó a donde llegó básicamente detrás de Chacho Álvarez. Personalmente, eso me llevo a que me concentrara más en la dimensión de la Ciudad, porque había que sostener el gobierno: gobernar, gestionar, con toda la crisis encima y sin paraguas político. Nos concentramos ahí, a tal punto que después pudimos revalidar el mandato, sin ese paraguas político nacional.

 

¿Y Fernández Meijide que converso en ese momento? ¿Que discutió?

 

Tampoco ella tuvo decisión alguna en la renuncia de Chacho. Fue una decisión estrictamente personal de Chacho, que respeto y siempre lo hice porque me parece que Chacho le aportó a la política y al FREPASO mismo todo lo que estuvo a su alcance. Esa decisión, aunque uno no las compartiera, la tenia que respetar más allá de las diferencias.

 

¿Que fue lo que le aportó Chacho a la política?

 

Chacho fue un dirigente político que siempre miró la construcción colectiva. A pesar de ser el motor, siempre buscó sumar otros sectores porque sabía que nosotros individualmente no podíamos, estábamos muy débiles y no teníamos estructura nacional. Genero El Molino, generó el vínculo con el Partido Socialista, generó el FREPASO que fue con sectores del peronismo y después genero la Alianza con el radicalismo. Estaba en construcción permanente, ampliación. Hay muchos que se sienten cómodos con lo que tienen porque lo manejan, porque lo presiden, son los líderes de ese sector y prefieren no arriesgar. Chacho arriesgaba constantemente, crecía y sumaba aun compartiendo liderazgos. Eso nos costó que la Alianza la liderara el delaruismo, que, finalmente –viendo los resultados-, fue un error. Pero Chacho era eso: construcción permanente.

Recuerdo cuando eran las elecciones para Constituyentes de la reforma constitucional. Él buscaba la alianza con el socialismo porque decía que era importante juntarse con otros sectores. El socialismo no quería a pesar de que, siendo el candidato natural a encabezar esa eventual alianza, el Chacho aceptaba ir segundo. Entonces, fue a todos los medios para decirle públicamente al socialismo que él iba segundo y que ellos eligieran al primero, que no importaba porque había que unirnos. Sobran los dedos de una mano para contar a los dirigentes así. Teniendo todo el peso que tenia Chacho tenia en ese momento bajarse del primer lugar en pos de una alianza para tratar de tener mas fuerza. Eso es un ejemplo de lo que era Chacho Álvarez en ese momento, creando iniciativas: el apagón, lo del molino, la Alianza: él fue el creador de todo eso.

El 20 de diciembre de 2001 ¿Como se vivió en tu oficina?

 

Terrible. Una cosa donde veíamos como se deshilachó un gobierno y no había capacidad de reacción. Desde los mismos legisladores de la Alianza ya se bajaba la rendición. Colombo, que era el jefe de gabinete, se comunicó con el Parlamento y con algún senador. Nos informó que no había forma de seguir: todo el desastre que era la calle, con situaciones de violencia. Fue un día terrible en términos políticos y sociales. Cuando empezó a haber hechos sangrientos yo salí a declarar que ya el Gobierno estaba terminado, no había retorno

 

¿Ese día o los posteriores hablaste con los radicales de tu gobierno?

 

Era motivo constante toda la crisis, desde ya. Pero no hubo alguna charla en particular con alguien. Nosotros, obviamente, como Gobierno de la Ciudad, conversamos todo y debatimos políticamente lo que pasaba. En la Ciudad teníamos que hacernos cargo de una crisis que nos estalló a nosotros también, porque los primeros meses teníamos que contar día a día la recaudación para ver si alcanzaba para pagar los sueldos. Creo que fue un gobierno que afrontó esa crisis con visión progresista, porque salimos a prestar ayuda desde lo social en forma inmediata, logramos pagar en pesos y no en bonos, y lo poco que teníamos lo destinamos a Salud y Educación.

 

Hoy desde muchos lugares el FREPASO es tachado de progresismo light, ¿Te parece acertada esa calificación?

 

Hay quienes hacen diagnósticos y levantan el dedo, dicen las cosas que hay que hacer, pero están siempre lejos de esquemas de gobierno. Si vos no llegás al gobierno, podés hacer todos los diagnósticos que quieras pero no va por ahí la cosa. El FREPASO llegó al gobierno. Y lo hizo sin bajar banderas y con posicionamientos políticos definidos. Desde la nada, y en un pocos años. El logro fue tal que ese líder que era el Chacho, llegó a ser Vicepresidente luego de una interna en la que confrontamos con un aparato enorme a nivel nacional. Después de eso, ciertamente, no tuvimos capacidad para imponer toda nuestra carga política a un gobierno, que no era nuestro en términos de peso político. Pero, no obstante, el verdadero desafío del espacio progresista no es hacer diagnósticos sino, llevar planes y programas a la práctica. Y para poder llevarlos a la práctica hay que ganar elecciones.

 

Recién dijiste que el FREPASO llego rápidamente al poder. Hoy esta muy en boga…

 

[Antes de que termine la pregunta] Con el diario del lunes es fácil saber lo que pasó el domingo. 
Por un lado, si no se hubiera hecho la Alianza, el FREPASO, quizás, sólo quizás, en un tiempo más y sin la carga de un partido tradicional -que tenia sectores conservadores importantes-, hubiésemos podido llegar más genuinamente a un gobierno más progresista. Pero, por otro lado, en ese momento había una gran demanda de la sociedad de que nos uniéramos para que le ganáramos al menemismo. Habría que pensar cómo hubiese reaccionado la sociedad frente a una posición más sectaria, que hubiese demorado la salida del menemismo. Porque después de diez años de menemismo, había una exigencia social muy grande para que nos unamos para sacar al menemismo. Mirando desde hoy, se puede pensar que habría que haber esperado; pero ¿Si hubiese ganada dualdismo? Ahí ver qué pasaba. Y, con eso, hoy también podrían estar diciendo que “porque ustedes no se juntaron fueron responsables de otro período de gobierno del menemismo”.

 

¿Se dio este debate dentro del FREPASO?

 

Hubo algún debate pero en cuanto se planteó la alianza con el radicalismo para hacerle frente al menemismo se cortó enseguida por el apoyo que recibió esa propuesta a nivel nacional en la sociedad. Lo que pasa es que después terminó con un fracaso. Con todos los resultados yo te digo que hubiéramos hecho otra cosa. Pero, nadie podía saber que habría pasado si no hubiésemos formado la Alianza.

 

¿Por qué la Alianza duro más en la Ciudad que en el país?

 

Es interesante pensarlo. Cayó el gobierno a nivel nacional, no cayó el gobierno en la Ciudad. La Alianza en la Ciudad no la conducía el radicalismo ni, menos aun, un radicalismo conservador. Sino, alguien que era del FREPASO y que gobernaba con radicales que en su gran mayoría eran progresistas, con lo cual era otro perfil de gobierno que el del Gobierno Nacional. Así, más allá de que del estallido de la Alianza a nivel nacional, se preservaron los gobiernos locales. Y este gobierno local de la Ciudad de Buenos Aires afrontó la crisis con una visión progresista que no había existido a nivel nacional. El radicalismo que formaba parte del Gobierno de la Ciudad, no tenía una posición hegemónica como sí lo fue en el Gobierno Nacional, además de que era un radicalismo progresista y no delarruista, conservador.

 

¿Que condiciones te parece que hicieron posible la convergencia en un mismo gobierno de Filmus, Laporta, Telerman, la UCR y vos?

 

Yo siempre entendí que un gobierno tenía que ser plural y nunca levantar barreras innecesarias. Yo nunca hubiera aceptado un gobierno antiperonista –aunque sí antimenemista. Dentro del peronismo había sectores progresistas importantísimos. Filmus, representaba era uno de ellos; Telerman, en ese momento, expresaba algo así, alguien “por fuera del aparato”. También se debía incorporar, porque formaban parte del mismo esquema de defensa de lo publico, el socialismo: y Laporta era expresión de eso. Creo que el gobierno sintetizó una visión progresista y plural como es la Ciudad de Buenos Aires, porque en la Ciudad hay peronistas, radicales, socialcitas, etc. Ese Gobierno de la Ciudad expresó mayor homogeneidad que el Gobierno Nacional de la Alianza y no era conducido por un aparato tradicional que iba a tirar, como tiró para abajo, al Gobierno Nacional. En este sentido, el Gobierno de la Ciudad fue algo sustancialmente distinto. Por ejemplo, cuando tuve que decidir el presidente del Banco Ciudad no busqué a alguien del establishment, sino a Roberto Feletti que venia de la CTA. Realizó una gestión muy buena al frente de Banco

 

¿Y que quedó de eso, de ese dialogo entre fuerzas?

 

De ese dialogo quedó la dispersión, la atomización. Individualmente hay coincidencias con esos sectores pero hoy el kirchnerismo es una cuña importante en todo lo que es la centroizquierda porque gobierna con discurso y acciones de izquierda, muchas de las cuales hubiese sido bueno que las tome la Alianza. Y eso instaló un debate en la centro-izquierda donde hoy a nivel de la Ciudad es posible encontrar sectores que están en contra de Macri por defender el espacio público -y ahí encontrás a Proyecto Sur, a los kirchneristas, a nosotros, a los socialistas. Pero, cuando trasladas a nivel nacional, ese encuentro salta por los aires, porque el gobierno del kirchnerismo hace a algunos híper-kirchneristas y otros anti-kirchneristas acérrimos. Por esto, juntar en la Ciudad a los que en aquel momento se juntaron, hoy parece imposible, porque, aunque a nivel de la Ciudad podemos hablar de lo que quieras, si trasladamos esa discusión a nivel nacional salta por los aires.

 

¿Qué dejó la experiencia del FREPASO y de la Alianza?


Fue una experiencia importantísima. Dejó muchos cuadros importantes de gobierno. Desde la Ciudad misma aportamos al ámbito nacional cuadros de gobierno importantes. Fue una experiencia política que entusiasmó a la sociedad y que llegó a posiciones de gobierno en un lapso muy corto. Esa experiencia sirve como referencia, no para repetir, porque son momentos históricos con dirigentes determinados que hoy nos están, hay nuevos. Pero, sí fue una experiencia determinante y quizás la mas importante de centro-izquierda como esquema de gobierno.

 

Entrevista publicada en ATN

 

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